Reflexiones del movimiento de vanguardia y su situación en el panorama cultural actual en un café tertulia
Fundación José García Jiménez acogió, el pasado jueves 18 de diciembre, un café-tertulia con el objetivo de debatir los movimientos de Vanguardia y reflexionar a cerca de cómo han llegado a nuestros días y en qué estadio se encuentran, si es que siguen vigentes. Para ello, la sede de la Fundación se convierte en un espacio dirigido a la reflexión y al diálogo, contando con la presencia de personalidades que, vinculadas en distintas formas al mundo de las artes, de la arquitectura y de la filosofía, pueden exponer, discutir y clarificar el panorama cultural actual y el camino que él se está marcando.
No es sencillo presentar unas conclusiones claras -y mucho menos cerradas- en torno a un tema tan amplio y complejo como el que se trató café en mano, pero sí queremos esbozar con ligeras pinceladas las líneas argumentales y cuestiones principales que se colocaron sobre la mesa.
Como común denominador, los movimientos de vanguardia parten de la necesidad de revolucionar, nacen para romper con lo establecido. Sin un claro consenso en si la revolución nace del pueblo, y por lo tanto los vanguardismos también, o si por el contrario el movimiento de vanguardia no es realmente entendido por el pueblo, sí se llega entre los contertulios a un acuerdo absoluto en la afirmación de que en el mundo del arte el todo vale no vale. No todo vale.
Es en este punto, y ante la consulta de si las vanguardias están vigentes, activas o estancadas, trabajando en ‘lo por hacer’ o ‘bebiendo del pasado’, surgen distintas líneas de discusión.
En una de ellas se plantea cómo en la actualidad, a menudo, el artista no es capaz de transmitir, debiendo acompañar siempre su obra con un soporte teórico que explique su mensaje –entonces la obra está sorda-. La clave, así, se puede afirmar que reside en ese proceso de comunicación establecido entre el artista como emisor y el receptor, en la semiótica, en el lenguaje; y a menudo, también se matiza, en un espectador poco dispuesto a la reflexión, saturado por el mundo de la imagen que lo espera todo hecho y masticado. ¿Se encuentra pues el quid en la re-actualización del lenguaje y sus signos?
También se discute como otra de las teclas a tocar el hecho de que aunque la vanguardia nunca será un concepto caduco el arte siempre debe ser crítico -para poder así ser rompedor- y socialmente hoy en día nos encontramos en un momento en el que, se afirma, estamos dormidos.
Otra de las nuevas vías planteadas para continuar con ese espíritu de vanguardia, como nueva forma de romper e incluso como evolución natural para dejar de beber del pasado y encontrar una esperanza en lo que queda por hacer, es la unión del arte y la tecnología. Cambiar el lienzo por la fibra óptica, el láser… ahí está el futuro del arte.
Al final, y tras un recorrido de dos horas por nombres como Velázquez, Duchamp, Romeo Castellucci, la Bauhaus o Eileen Gray, quizás encontremos como el mejor modo para cerrar esta tertulia la afirmación de uno de los contertulios, Pedro Adán: Necesito que el arte me provoque, que me conmueva. En esa necesidad continuará la búsqueda.
Los participantes de la tertulia fueron Mª Ángeles Arroyo, como profesora de la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Murcia, Juan Nicolás, Director del Centro Párraga, Pedro Adán, arquitecto, Inés Pérez, filósofa, Antonio Parra, Director Fundación Gabarrón, Amparo Reina y Lola Olmos como representantes del espectador y consumidoras de arte y Mari Trini Sánchez como Directora de la Fundación.



